rajiyaOriginalxD
Febrero de 2021, pleno verano en Quillota. Benjamín despertaba tarde, pegoteado por el calor y por una sensación que no lo soltaba desde el 2020: por fuera podía pasar piola, pero por dentro vivía con una alarma prendida. La casa que le quedó "a cargo" no se sentía hogar; se sentía eco. El silencio le apretaba el pecho, los recuerdos se le metían a empujones, y hasta las cosas más simples -salir, comprar, caminar- podían volverse una prueba.
Cargaba con pérdidas que nadie sabía cómo nombrar bien: Lucas ya no estaba, Josefa seguía internada, y él se movía entre pastillas, terapia y culpa como si eso bastara para sostenerse. En el barrio, los detalles tenían memoria. Incluso su propia fachada parecía recordarle lo que otros pensaban de él. Benjamín intentaba existir, nomás... pero a ratos se sentía hueco, como un fantasma aprendiendo a caminar.
El quiebre llega cuando lo cotidiano lo supera y el cuerpo lo traiciona en público, dejándolo expuesto, sin máscara. Y justo ahí aparece Nacho, alguien que insiste en quedarse aunque Benjamín no se sienta digno de ningún vínculo. Esa amistad nueva, en vez de alivio, también le da miedo: aceptar a alguien más se siente como traición, como reemplazo, como si el cariño tuviera cupos limitados.
Entre conversaciones que queman, un San Valentín que no perdona y una terapia que lo obliga a mirar de frente lo que evita, Benjamín queda al borde de una decisión simple y brutal: seguir escondiéndose... o atreverse a vivir algo real, aunque le tiemblen las manos.
Porque a veces lo más difícil no es sentir.
Lo más difícil es no arrancarse después.