EnanadeLali
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Dicen que las mujeres dulces y buenas no deben enamorarse de los hombres fríos y apasionados.
Dicen que los inmortales no deberían enamorarse de sirenas.
Dicen que los condenados no deben tocar a las puras.
Y, sin embargo... Jasper Hale la amó desde el primer segundo en que la vio.
No sabía su nombre.
No conocía su historia.
No había escuchado aún su voz.
Pero la vio entrar -como si el océano caminara en forma de mujer- y algo dentro de él se rompió... o tal vez, por primera vez, se encendió.
Ella era luz, y él sombra.
Ella, una criatura hecha de amor, de risas, de ternura.
Él, un soldado cubierto de cicatrices invisibles, marcado por la guerra, por la culpa, por la sed.
Ella era el mar.
Él era el fuego.
Y juntos estaban destinados a arder.
Lizzy -Mar Elisabetta Espósito Rinaldi- no era una humana común.
Era la hija del mismísimo Poseidón y de la Reina Marianella:
Una sirena. Una semidiosa. Una reina del océano.
Una criatura de otro tiempo, de otra pureza.
Tenía el don de curar, de hablar con los animales, de controlar las aguas y la naturaleza.
Pero lo más peligroso de ella...
Era su corazón.
Un corazón limpio, grande, generoso.
Un corazón tan noble que incluso los monstruos más antiguos querían quedarse junto a su calor.
Jasper Hale la miró una vez, y ya no pudo apartarse.
Había probado la oscuridad, pero nunca algo como ella.
Nunca algo tan vivo. Tan real.
Ella lo veía con esos ojos celestes que contenían la calma del océano... pero también la tormenta.
Y cuando le sonrió por primera vez, él lo supo:
Estaba perdido.
Porque ella era su destino. Su alma gemela. Su redención y su condena.
Y si el universo decidía que no podía tenerla...
entonces quemaría el universo.
No importaba si ardía Forks.
No importaba si se quebraban las reglas.
No importaba si los Vulturi, el mundo o Dios mismo se interponían.
Jasper dejaría que el mundo ardiera por ella.