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Para Franco Colapinto, todo empezó a salir mal, y aunque la mala suerte no lo estuviera persiguiendo a él ni fuera su vida la que se estaba desmoronando.
Cuando Lando empezó a reprobar parciales, a lastimarse, a chocar con gente y a ver cómo todo le salía sospechosamente mal, como si el universo lo empujara apenas lo suficiente para arruinarle el día sin que entendiera por qué, Franco supo exactamente qué estaba pasando.
Lo que comenzó como un "endulzamiento" medio en broma, medio desesperado, para que Lando lo mirara como mira a Oscar, se convirtió en algo torcido, pegajoso y demasiado real. Ahora hay un equipo improvisado de detectives siguiéndole la pista, un brujito de Twitter leyendo energías y una pregunta flotando en el aire:
¿quién, dentro de su círculo más cercano, sería capaz de hacerle algo así?
Franco también quiere saber la respuesta, aunque ya la conoce.