hola_tengohambre
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En el gris ordenado de su mundo, Hirugami Sachirō, el bloqueador central de Kamomedai cuya filosofía se basa en la imperturbabilidad, atrapa por un instante una imagen vibrante: un chico pelirrojo, perdido entre la multitud de un parque de atracciones, compuesto como una obra de arte en blanco, negro y rojo. Es una anomalía estética que se le clava en la retina, pero que otro-un pelinegro con gesto posesivo-se lleva antes de que él pueda mover siquiera un paso. Hirugami lo racionaliza: fue una jugada perdida, una oportunidad táctica fugaz sin importancia.
Las semanas pasan y el recuerdo se desdibuja, hasta que su madre le consigue un trabajo puntual: dar clases de repostería a dos chicos de preparatoria. Cuando abre la puerta, se encuentra con el mismo pelirrojo, ahora vestido en una paleta de grises, acompañado de su amigo pelinegro. La sensación de familiaridad es agobiante, pero no logra ubicar el porqué.
Lo que descubre entonces desafía todas sus expectativas. Hinata Shōyō no es el torbellino de energía que su apariencia podía sugerir. Es un joven serio, de rostro naturalmente solemne y modales impecables que lo tratan de "usted" con un respeto que a Hirugami le conmueve. En la cocina, bajo la luz de la tarde, Hinata revela una concentración absoluta y un talento innato para la repostería, mientras que su amigo Kageyama hace preguntas técnicas con la intensidad de un estratega.
A través de los bizcochos de vainilla perfectamente horneados, los intercambios educados y las raras pero genuinas sonrisas que iluminan los ojos miel de Hinata, Hirugami siente cómo una grieta de ternura y curiosidad se abre en su muro de lógica. Lo que comenzó como un destello de color en una multitud se transforma en una presencia tangible, dulce y serena, que llega para cuestionar si algunas recepciones, después de todo, merecen un segundo saque.