Arenamsk_
Orense era de esos lugares que parecían vivir en pausa. Un pueblo chiquito, de calles tranquilas y casas bajas, donde el tiempo no corría, sino que caminaba lento, como si no tuviera apuro en llegar a ningún lado. El aire olía a sal y a verano, incluso en los días nublados, y siempre había alguna brisa que despeinaba sin pedir permiso.