SeraphimLantz
Springwood se le había quedado pequeño a Glenn Lantz. No por sus calles arboladas ni por las casas familiares, sino por el peso de las miradas que lo perseguían: la lástima en los ojos de los vecinos, los reproches mudos de los padres de sus amigos, el vacío silencioso que dejó Nancy. Él sobrevivió a Freddy Krueger cuando los demás no, y aquello, que parecía un milagro, se había convertido en una condena.
A veces, en sus noches más negras, Glenn pensaba que la muerte hubiera sido un alivio, un final compartido. En cambio, le tocó cargar con el despertar: seguir respirando en un mundo que le recordaba, a cada instante, por qué estaba vivo. El cansancio no era físico; era una losa en el alma, un agotamiento de tener que existir donde solo se esperaba que hubiera desaparecido.
Por eso, cuando la oportunidad de escapar se materializó en forma de una casa en Derry, una propiedad que su padre le compró para "empezar de nuevo", Glenn no lo dudó. Cualquier lugar tenía que ser mejor que aquel purgatorio de recuerdos. Derry parecía el refugio perfecto: un pueblo anónimo, lejos de Ohio, lejos de Elm Street. Un sitio donde, quizá, el pasado podría quedarse atrás.
Lo que Glenn ignoraba, mientras empacaba los últimos vestigios de su vida anterior, era que algunos pueblos no solo guardan secretos. Los alimentan. Y en las cloacas de Derry, algo llevaba siglos despertando periódicamente para festejar. Su nuevo comienzo no sería un respiro, sino el intercambio de una pesadilla por otra. Porque en Derry, los miedos no te persiguen en sueños. Te encuentran despierto. Y a menudo, llevan la sonrisa pintada de un payaso.