hola_soysuna
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Kunimi Akira nunca entendió el revuelo alrededor de Hinata Shouyou. El pequeño del pelo naranja, con sus lunares de porcelana y su ego del tamaño de la cancha, era simplemente... irritante.
Hinata lo sabía todo. Sabía que era lindo, sabía que era rápido, sabía que las miradas lo seguían. Y disfrutaba cada segundo.
Kunimi lo odiaba por eso.
Odiaba su risa, su cintura estrecha, sus ojos color miel que evaluaban sin piedad. Odiaba cómo ocupaba espacio sin moverse. Odiaba que, sin querer, se había convertido en el centro de su propia mirada.
Pero lo que más odiaba Kunimi, lo que realmente le quemaba las entrañas, era descubrir que ya no quería mirar a nadie más.
Y Hinata, con esa sonrisa de quien siempre gana, solo supo decir:
-Te odio, pero quédate.
Porque a veces el odio y el amor son la misma cosa. Y Kunimi, contra todo pronóstico, se quedó.