olaperodemar
Hanna y Anabella habían sido mejores amigas durante casi toda su vida.
Eran inseparables.
Crecieron juntas, estudiaron juntas y pasaron más tiempo en casa de la otra que en las suyas propias.
Se vestían parecido, compartían la misma rutina y se conocían tan bien que la mayoría de personas creía que eran hermanas.
Y es que ambas estaban convencidas de que las cosas jamás cambiarían.
Que Hanna siempre sería Honee y Bella siempre sería Bee.
Que Bella siempre entraría por la ventana de Hanna en la tarde.
Porque eso hacían las mejores amigas.
Pero hay algo en la adolescencia que transforma a las personas; las vuelve extrañas, inseguras y desesperadas por encajar.
Y cuando esa desesperación se apoderó de ellas, la diferencia entre séptimo y onceavo grado resultó ser mucho más grande de lo que imaginaban.
Según los demás, la situación era absurda.
"Pareciera que Hanna y Bella se pertenecieran de alma, mente y cuerpo... ¿cómo pueden vivir ahora sin la otra?"
Porque esa era la verdadera pregunta.
Y nadie sabía que la razón de su distanciamiento no era una pelea, ni nuevas amistades, ni el paso del tiempo.
Era lo imposible que se había vuelto permanecer juntas sin querer besarse.
Porque esas eran cosas que, definitivamente, las mejores amigas NO hacían.
Y ellas eran solo eso: mejores amigas.
Mejores amigas que, sin importar cuántos años pasaran, se tendrían la una a la otra para siempre.
¿Pero cuánto dura un "para siempre" cuando estás demasiado asustada para afrontar la realidad de tus sentimientos, y por ende decides alejarte?