hola_soysuna
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Tobio Kageyama nunca entendió por qué le gustaba mirar a Hinata despertar.
quizás eran sus lindos ojos
Dormir juntos se volvió el único lugar donde ambos existían en paz. Hinata pegaba sus pies fríos a las piernas de Kageyama, y Kageyama, que siempre odió el frío, aprendió a quererlo. Las risas en la cocina, las peleas estúpidas por el control de la manta, los "te odio" dichos con una sonrisa y los "te amo" susurrados cuando creían que el otro dormía.
Hinata era luz. Luz naranja, intensa, imparable. Y Kageyama, por primera vez, dejó que alguien lo calentara.
Tres años. Tres años de manos entrelazadas bajo la mesa, de mensajes de texto a las tres de la mañana, de ver atardeceres desde la ventana de un departamento diminuto que olía a los dos. Tres años de elegirse todos los días.
hasta que un día vinieron esas semanas...
Semanas. Semanas de pasillos blancos, de médicos que no miraban a los ojos, de máquinas que pitaban y pitaban y pitaban. Semanas de Kageyama agarrando esa mano pequeña, la misma que recibió sus pases perfectos, la misma que acariciaba sus rizos cuando él estaba triste, la misma que entrelazaba con la suya cuando caminaban a casa.
Semanas de ver cómo la luz se apagaba de a poco.
Y entonces, un día, Hinata dijo.
-Quiero volver a ver tus ojos al despertar -susurró.
Kageyama apretó su mano.
-Todos los días. Todos los putos días, idiota. Vas a despertar y voy a estar ahí. Siempre.
Hinata sonrió. Esa sonrisa suya, la de sol, la que iluminaba habitaciones.
-Te amo.
-Y yo.
Hinata cerró los ojos.
Y no los abrió más.
Hoy, Kageyama todavía duerme de lado. Deja un espacio vacío en la cama, la almohada de al lado sigue teniendo su funda, y cada mañana, al abrir los ojos, busca los de él.
Pero ya no están.
Y nunca más volverán a estar.
Pero él sigue buscándolos.
Porque prometió que siempre estaría ahí.
Aunque Hinata ya no despierte.