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A los dieciséis años, Elliot Jackson tiene algo que millones de personas desearían: ser hijo de Michael Jackson.
Pero para Elliot, llevar ese apellido nunca ha sido un privilegio.
Desde que nació, su vida estuvo rodeada de cámaras, periodistas, guardaespaldas y personas que parecían conocer a su padre mejor que él mismo. Michael siempre quiso tener un hijo, y Elliot creció sabiendo que había sido profundamente deseado.
Aun así, hay una pregunta que nunca ha conseguido sacar de su cabeza:
¿Michael quería ser padre... o realmente me quería a mí?
Ahora Elliot ha decidido perseguir su propio sueño: convertirse en músico.
Pero hay un pequeño problema.
Su padre ya es una de las estrellas más grandes del mundo.
Mientras Michael prepara la era que cambiará nuevamente su carrera (Bad Era), Elliot intenta formar su propia banda, encontrar su sonido y demostrar que no necesita el apellido Jackson para que alguien escuche su música.
Porque no quiere ser el próximo Michael Jackson.
Ni siquiera quiere ser el hijo de Michael Jackson.
Solo quiere ser Elliot.
Y quizá, para conseguirlo, primero tendrá que aprender que alejarse de la sombra de su padre no significa dejar de quererlo.
Porque a veces, ser hijo de una leyenda significa pasar toda la vida intentando descubrir quién eres cuando las luces se apagan.