Unishark897
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En la cima del Inframundo existía un reino silencioso gobernado por Rob Lucci, el temido Dios de las Sombras, los Juicios y las Bestias Sagradas.
Su palacio estaba hecho de mármol negro y oro oscuro.
No había risas.
No había música.
Solo ecos.
Aunque era respetado incluso por los dioses olímpicos, Lucci vivía completamente solo.
Cada noche observaba desde su trono las tierras superiores del Olimpo... preguntándose por qué su reino se sentía vacío.
Hasta que un día todo cambió.
Durante un festival divino celebrado por Uta, los dioses descendieron a convivir entre flores y música celestial.
Ahí fue donde Rob Lucci vio por primera vez a Sabo.
Sabo reía mientras lanzaba pequeñas llamas doradas al cielo.
Lucci quedó inmóvil.
Por primera vez en siglos... su corazón latió con fuerza.
No pudo apartar la mirada.
Y cuanto más observaba a Sabo, más crecía una obsesión peligrosa dentro de él.
Los días siguientes, Lucci comenzó a subir secretamente al Olimpo solo para verlo.
Desde las sombras observaba a Sabo cuidar jardines, entrenar junto a Ace, discutir con Luffy, y reír con Koby.
Aquella felicidad le resultaba insoportablemente hermosa.
Lucci comenzó a desear algo imposible:
Quería que Sabo permaneciera a su lado... para siempre.