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En estas tierras donde el cielo se une con la tierra, existen dos grandes clanes que mantienen el equilibrio de todo lo que existe: el Clan de la Destrucción y el Clan de la Creación. Similares a reyes pero sin coronas, sino líderes respetados que cuidan cada ser vivo y protegen los territorios que les fueron confiados. Todos ellos honran a una misma diosa, quien hace mucho tiempo les entregó dones únicos como señal de su favor.
De la familia principal de la Destrucción nació Arela, una joven bendecida con el poder del ver el futuro. Del lado de la Creación, llegó Hawk, quien recibió su nombre y unas alas doradas semejantes a las de un ángel, símbolo de fuerza y luz. Ambos llevaban marcas especiales, destinadas a guiar a sus pueblos.
El destino los unió desde muy pequeños. Cuando Arela fue llevada por la fuerza y separada de los suyos, fue Hawk quien la encontró y la salvó. Desde aquel día nació una amistad que creció junto con ellos, firme y sincera con el paso de los años. Con el tiempo, esa amistad se transformó en algo más: un amor profundo que nació de sus corazones.
Sin embargo, una norma antigua creada por el templo se interponía en su camino. El decreto decía que quienes pertenecieran a estas dos fuerzas opuestas jamás podrían estar juntos, pues aseguraban que su unión daría origen a seres terribles. A pesar de que la misma diosa nunca había pronunciado tal regla, esta creencia se convirtió en ley.
Aún así el amor no se detendrá