EmaMabede
Hay encuentros que no son casuales, aunque intenten disfrazarse de azar. Miradas que no requieren palabras, como si hubieran esperado siglos para reconocerse.
Me llamo Kara, y nunca imaginé que el universo pudiera escribirme hasta que Colton apareció.
Llegó como la lluvia que cae sin aviso: arrasando con lo que creía inmutable, silencioso pero inevitable. Su presencia era un respiro y, al mismo tiempo, un abismo. Me atraía con una fuerza que descolocaba mi equilibrio, y junto a él comprendí que estábamos conectados con algo más grande, algo que existía más allá de nosotros.
Su proximidad volvía el mundo silencioso, disipaba mis tantas dudas y me llenaba de tantos anhelos. Podía sentir cómo nuestras vidas eran piezas de un mismo diseño que, tarde o temprano, debía encajar.
Aunque éramos extraños, desde el primer instante existió una certeza que no necesitaba palabras, un vínculo invisible pero pleno de sentido. Cada uno llevaba cicatrices y mundos rotos, pero aun así, el destino nos trazó en la misma página.
Dicen que el amor no siempre se escribe con tinta eterna. Yo no lo sé. Solo sé que desde que Colton apareció, el universo dejó de ser infinito para volverse nuestro.