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Una vez bajo el techo de aquel palacio, bañado en los colores del reino de Noxaria -el azul oscuro del cielo nocturno y el gris imponente de las montañas de las que nacía-, Moisés comprendió que algo en él cambiaría.
No sabía exactamente qué.
Pero lo sentía.
Al cruzar ese umbral, dejó de ser quien era hasta entonces.
Y en su lugar... comenzaban a nacer cosas nuevas.
Cosas que no entendía.
Que no había pedido.
¿A dónde irían las palabras que antes eran seguras?
¿En qué momento "un simple conocido"... "un simple sirviente"... dejaba de serlo?
¿En qué instante algo más empezaba a tomar forma?
Porque, sin darse cuenta, ya no estaba entrando solo a un palacio.
Estaba entrando en una historia de la que no podría salir igual.