mannuueellaa
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Manuela Rovira tiene dieciocho años, demasiados pensamientos en la cabeza y una vida bastante simple: estudiar fisioterapia deportiva, ayudar en el bar familiar y sobrevivir a las noches eternas detrás de una barra donde siempre ve las mismas caras. No le interesa demasiado el fútbol, pero sí le obsesiona entender el cuerpo humano y ese extraño momento en el que algo se rompe y deja de funcionar como debería. Manuela observa más de lo que habla -aunque hable demasiado- y tiene una mala costumbre: darse cuenta cuando alguien no está bien, incluso cuando esa persona intenta ocultarlo.
Héctor Fort, en cambio, parece tenerlo todo. Con diecinueve años es una de las promesas del FC Barcelona, heredero de una de las familias empresariales más influyentes del mundo del deporte y alguien que, desde fuera, vive exactamente la vida que cualquier chico soñaría tener. Pero el fútbol ya no le hace sentir nada, la presión de su apellido pesa más de lo que admite y cada día se parece demasiado al anterior. Cuando el ruido de todo se vuelve insoportable, lo único que hace es desaparecer en bares donde nadie lo reconozca y donde pueda olvidar, aunque sea por unas horas, quién se supone que debe ser.
Una noche cualquiera termina entrando en el Bar Rovira. Un lugar pequeño, de barrio, donde la camarera habla demasiado, hace preguntas que no debería y parece notar cosas que nadie más ve. Manuela no tiene ninguna intención de meterse en la vida de ese chico silencioso y malhumorado que se sienta frente a ella... pero desde el primer momento sabe que algo en él está roto. Y Héctor tampoco esperaba encontrarse con alguien que no lo trate como a una estrella, ni como a un problema. A veces las historias empiezan en los lugares más inesperados: en una barra de bar, en una conversación incómoda y en la extraña sensación de que alguien te entiende incluso cuando preferirías que no lo hiciera.