Illaasiri
Rodrick•Reese
El puñetazo que le llegó al estómago no fue como si viniera de otra persona, ni siquiera de un animal, bueno, de un elefante tal vez, porque se sintió como si una cría de mastodonte, que pesa cinco coma nueve toneladas, hubiera llegado de frente, en estampida, a darle un cabezazo justo en medio del cuerpo, tan fuerte y seco que lo dejo sin una mota de aire en los pulmones, sentado en el suelo, boqueando como un estupido pez ahogándose.
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Por malentendidos entre hermanos menores, los mayores acabaron rompiendo y pagando los platos.