sinsinnyyy
Ophelia estaba condenada, lo supo desde la primera vez.
Aquella vez que amó a Lucifer con desesperación, con desgracia, como quien entregaría cada parte de si.
Entonces Constantine apareció, no como un reemplazo, sino como un eco inevitable, como la mano que recogió las cenizas de un corazón ya incendiado.
Entre la herida y la cicatriz, su amor se convierte en un campo de batalla. Y en su danza oscura, ella lo sabe: no importa a quién elija, ni cuánto intente resistirse...
El final siempre será el mismo.
El amor en sus manos no salva.
El amor en sus manos... destruye.
Nació condenada a perder.