Bazooka-san
Mitsuri Kanroji siempre había sido una mujer de espíritu libre. Reconocida mundialmente por su arte, había transformado sus emociones en lienzos, creando obras que tocaban el corazón de cualquiera que las mirara. Pero no todo en su vida era colorido y lleno de pasión. Vivir bajo el constante escrutinio de la fama traía consigo sombras que amenazaban con arrebatarle la paz que tanto anhelaba.
Desde que un atentado fallido contra su vida había sacudido su mundo, su seguridad se convirtió en una prioridad. Necesitaba protección, pero más allá de los guardias que la rodeaban, había algo en la presencia de Obanai Iguro que la hacía sentirse verdaderamente a salvo. Él no solo era su protector, sino también un enigma. Su frialdad, su seriedad, y su eterna distancia parecían construir un muro invisible entre ellos, pero a pesar de ello, Mitsuri no podía evitar notar la dedicación con la que cumplía su tarea.
Obanai, por su parte, nunca había deseado una vida como la que llevaba ahora. Siempre había sido un hombre de pocas palabras, de sentimientos guardados y de lealtades silenciosas. Pero había algo en Mitsuri que lo desarmaba, algo en su alegría contagiosa y en su arte sincero que hacía que su propia existencia comenzara a desdibujarse. Él la cuidaba, sí, pero en su interior, los sentimientos comenzaban a complicar las cosas de maneras que no entendía.
La historia de ambos no estaba destinada a ser una típica de amor a primera vista. No había promesas ni palabras dulces, solo miradas furtivas y silencios compartidos. Sin embargo, como el pincel en manos de una artista, el destino comenzaba a trazar un lienzo nuevo para ellos, uno en el que sus corazones empezaban a entrelazarse, mientras enfrentaban amenazas, secretos y una conexión que ninguno de los dos había anticipado.