CrystalSynclair
Hay amores que nacen con una mirada.
Otros, con una coincidencia.
Y algunos... comienzan como una maldición.
Fina ama a Esther. O al menos eso cree. Después de un año de relación estable, tranquila y profundamente humana, recibe de regalo un antiguo medallón comprado en una olvidada tienda de antigüedades orientales. Su diseño es extraño: dos hilos rojos entrelazados bajo símbolos imposibles de comprender. El anticuario solo pronuncia una frase antes de entregarlo:
"Hay vínculos que no pueden romperse, aunque las vidas cambien."
Esa misma noche, mientras Esther la besa, ocurre algo imposible.
Por un instante, Fina deja de sentir los labios de su novia y ve unas manos desconocidas. Manos femeninas. Delicadas. Temblorosas. Una sensación ajena invade su pecho junto a un perfume suave a lluvia y café. Después desaparece.
Al otro lado de la ciudad, Marta intenta construir la vida perfecta junto a Jaime, su novio de años, quien está listo para pedirle matrimonio. Marta siempre creyó conocer el camino que debía seguir. Siempre creyó entender quién era. Pero todo cambia cuando, en medio de un beso con Jaime, aparece la imagen fugaz de una mujer desconocida de ojos oscuros.
Y vuelve a ocurrir.
Una y otra vez.
Primero son fragmentos:
unas manos,
una voz,
un perfume,
una respiración ajena rozándoles la piel.
Luego comienzan a sentir emociones que no les pertenecen.
La tristeza de la otra.
El miedo de la otra.
La calma de la otra.
Hasta que los besos con sus respectivas parejas dejan de sentirse propios.
Atrapadas en un vínculo imposible que ninguna comprende, Fina y Marta comenzarán a ser perseguidas por la presencia de una desconocida que invade sus pensamientos, sus sueños y sus cuerpos cada vez que intentan amar a alguien más.