migajeando
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Tita De la Garza anotaba cada una de sus recetas en un cuaderno cuidadosamente protegido del tiempo.
Con letra fina, registraba no solo ingredientes, sino también las sensaciones que cada platillo despertaba en ella.
Pero había emociones que no podían escribirse.
Sensaciones que ardían en su interior como llamas suaves y constantes... imposibles de nombrar, imposibles de servir en un plato y poco a poco su cocina, su único refugio, dejó de tener sentido...
Porque hay secretos que ni siquiera el sabor más dulce puede ocultar.