SabakunoAmbar
-Izana, no confío en Kisaki... pero sí en ti, así que por favor... cuídate.
Izana se levantó, lo tomó de la cintura con ambas manos atrayéndolo contra su pecho, Rin apoyó las palmas abiertas sobre el corazón de Izana sintiendo los latidos rápidos y fuertes bajo la tela, y levantó la vista para encontrarse con esos ojos violetas en una mirada que contenía todo, promesas, miedo, amor, desesperación.
-No pasará nada, querido, todo estará bien, regresaré en la madrugada -prometió Izana besando su frente con una lentitud que parecía eterna.
-Cuídate, mi rey... mi príncipe... mi vida entera, porque si no regresas... no podría sobrevivir sin ti -susurró Rin, y entonces lo besó con desesperación, con intensidad, con sabor a lágrimas y a despedida, Izana correspondió con la misma hambre como si quisiera grabarse en su piel para siempre.
Y entonces el sueño cambió de golpe, la escena se disolvió en frío blanco cegador, y Rin se encontró en una sala de morgue iluminada por luces fluorescentes crueles, ante él sobre una plancha de metal yacía el cuerpo de Izana, pálido, sin vida, el pecho perforado por tres heridas de bala, la sangre seca formando charcos oscuros alrededor, los pendientes colgando inertes a los lados de su rostro inmóvil, los ojos violetas abiertos y vacíos.
Rin se derrumbó sobre él, las manos temblándole mientras tocaba el rostro frío, las mejillas, los labios que ya no responderían nunca más, y el dolor lo partió en dos, un sufrimiento físico que le aplastaba el pecho, le quemaba la garganta, le arrancaba el aire.
-Izana... por favor... me prometiste una vida juntos... un imperio en donde... en donde solo estaríamos tú y yo... no me dejes, Izana... por favor te lo suplico... no puedo vivir sin ti... lo eres todo para mí... no me dejes... tú no, Izana... por favor despierta... despierta por favor... mi amor...