Dr_Potito69
Josh se había mudado hacía unos días, instalándose justo frente a la casa de Tyler. Una casa que crujía por las noches. Una casa que guardaba más ecos que risas.
Tyler vivía con su madre, porque según ella sus problemas mentales no eran más que exageraciones pasajeras. "Tonterías", decía. "Ya se te va a pasar."
Pero el dolor no se pasa.
Se instala más que antes, como un inquilino no deseado.
Tyler vivía con los traumas respirándole en la nuca:
el recuerdo imborrable de su padre, muerto en el silencio de su habitación, el engaño de su madre flotando como un fantasma entre las paredes, las manos de una ex pareja que prometieron amor y dejaron cicatrices invisibles y visibles en su pálida piel y la muerte inesperada de quien alguna vez fue refugio, el padrastro que convirtió el miedo en rutina con sus manos sucias sobre el joven Tyler, la indiferencia materna, fría y constante, y ese abandono que lo seguía desde la infancia hasta el presente, como una sombra que nunca se cansa.
Cuando vio al hombre pelinegro llegar al vecindario, no le prestó demasiada atención. Le molestó más el ruido de los camiones de mudanza que su presencia. El estruendo metálico, las cajas arrastrándose por el pavimento, la invasión del silencio.
Nunca imaginó que la llegada de aquel desconocido marcaría un antes y un después en su vida.
Que, a veces, lo que interrumpe tu tranquilidad no viene a destruirla... sino a revelar lo frágil que siempre fue.