Sofi_Parddy
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Las historias importantes no siempre empiezan con un primer encuentro, a veces comienzan con una costumbre. Con veranos repetidos, valijas a medio deshacer y nombres que se dicen igual desde la infancia. Pato y Malena crecieron creyendo que el otro era parte del paisaje: el mar de Punta del Este, las tardes largas en Mar del Plata, las sobremesas eternas de madres que nunca dejaron de ser amigas. Se veían poco, pero lo suficiente como para no olvidarse nunca.
El tiempo pasó como pasan las cosas que no se cuestionan. Él en Buenos Aires, ella en Montevideo. Fiestas familiares, saludos conocidos, risas que parecían intactas. Hasta que Malena se mudó a Buenos Aires a los diecinueve, y los domingos empezaron a tener otro peso. La casa de la infancia de Pato volvió a llenarse de voces, de silencios nuevos, de una cercanía que no existía antes. Nadie lo dijo en voz alta, pero algo empezó a moverse entre esas paredes.
Hay vínculos que no se rompen porque nunca fueron cortados del todo. Solo esperan. Y cuando el pasado y el presente se rozan demasiado, cuando lo conocido empieza a sentirse distinto, ya no hay forma de fingir que todo sigue igual. Algunas historias tardan años en empezar... y cuando lo hacen, ya es imposible volver atrás.