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Inés aprendió hace mucho a ser el freno: el de Victoriano y el suyo propio. Sabe calmarlo con una sola palabra, sabe cuándo ceder y cuándo huir. Lo que no sabe es qué hacer ahora que, por primera vez en años, el freno dejó de responder.
Llevan media vida bajo el mismo techo, guardando lo que nadie debe decir en voz alta. Pero después de lo de anoche, Inés ya no sabe cómo seguir fingiendo. Por eso huye... hasta que la tormenta lo empuja hasta ella.
Solo por esta noche, van a dejar de mentir.
Puede leerse sola o como continuación de "Un hombre bueno".