juls-05
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Isadora Monteiro llegó desde Brasil con el talento en los pies y el idioma atascado en la garganta. Tenía 14 años y un acento que bailaba distinto al de todas. En la Masía, todo era nuevo... hasta que conoció a Jana Fernández.
Jana fue quien le tendió la mano. La que le ayudó, le corrigió con paciencia, le explicó qué significaban esas palabras raras que gritaban las entrenadoras. Entre rondos y ejercicios, Isa empezó a entender más que el idioma: aprendió a pertenecer. Y a querer.
Se hicieron inseparables. Se enamoraron. Pero cuando el Barça decidió no renovar a Isa, todo cambió. París la fichó. El PSG, una nueva vida, otra ciudad, otro idioma. Y la distancia hizo lo suyo.
Pasaron los años. Hasta que se reencontraron en los Juegos Olímpicos de París. El sentimiento seguía ahí. Vivo. Latente. Pero había un problema: Jana ya no estaba sola.
Tenía novia.