Cuysitoo
Oliver lleva años conviviendo con una glándula odorífera dormida y un amor imposible. Repitiéndose mil veces que ambas cosas son igualmente inútiles de perseguir.
Lo que no entra en sus cálculos es que su glándula, paciente como siempre, lleve años esperando el momento menos oportuno para despertar. Y cuando por fin lo hace, lo hace de golpe, arrastrándolo a un primer celo que no tiene intención alguna de ser amable.
¿Pero qué pasa cuando la causa del despertar de sus instintos es el aroma de su compañero de equipo?