LeyrenRiddle
🐍 En las sombras de un orfanato gris se forjaba algo que nadie imaginó, una historia unida por una profecía que ataba sus almas desde antes de que supieran respirar el mismo aire.
Él llegó primero. Siete años, ojos grises como acero recién forjado, un silencio que pesaba más que cualquier grito. Lo llamaban Tom Marvolo Riddle, pero el nombre solo era una cáscara que ocultaba algo más antiguo, más oscuro, más vasto. Las matronas lo temían sin saber por qué. Los demás niños se apartaban cuando pasaba, como si el aire a su alrededor se volviera más denso, más frío. Dormía en un ático cerrado con llave, alimentado en bandejas deslizadas bajo la puerta, como a un animal que nadie se atreve a mirar a los ojos. Pero él no era animal. Era espera. Era hambre contenida. Era la promesa de un incendio que aún no tenía chispa.
Ella llegó después. Cuatro años, ojos verde-azulados como un bosque tormentoso, cabello negro que parecía absorber la poca luz que entraba por la ventana alta. La dejaron en la puerta como un paquete olvidado, envuelta en una manta raída que olía a abandono y a lluvia. No lloró. Nunca lloró. Solo miró alrededor con esos ojos enormes, profundos, que parecían contener océanos enteros de preguntas sin respuesta. Las matronas susurraron que era otra rareza, otra cosa que no encajaba. Y la empujaron dentro del ático, cerrando la puerta con llave detrás de ella.
Y así se encontraron.
Un niño de siete años sentado en el suelo, rodeado de libros robados que leía a la luz de una vela que nunca se consumía. Una niña de cuatro años tirada al suelo como un trapo viejo, temblando apenas, pero sin un solo sollozo. Él la miró un largo minuto, evaluándola como quien evalúa una pieza nueva en un tablero invisible. Ella lo miró de vuelta, sin miedo, sin sorpresa. Solo... normalidad. Como si ver a un niño con ojos de acero y una vela que ardía por voluntad propia fuera lo más natural del mundo.
Y ahí, algo se encendió.