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Después de pedirle un tiempo a Checo, Max se aleja cada vez más, y la distancia entre ellos deja de ser solo emocional. En los entrenamientos y las carreras, Checo siente cómo Max le esquiva la mirada, cómo el espacio entre ellos se llena de silencios incómodos y gestos evitados. Lo que alguna vez fue una conexión natural ahora es solo una rutina vacía dentro del equipo.
Pero el destino, o quizá el azar, los lleva a encontrarse en el lugar menos esperado: un supermercado. Sin cascos, sin autos, sin la presión del paddock, solo ellos y un pasillo lleno de productos que no necesitan. Ahí, entre miradas que dicen más que las palabras, se enfrentan al peso de lo que fue y lo que ya no es.
A veces, la distancia no es cuestión de kilómetros, sino de lo que no se dice.