Blinflizzy
En la mansión Sakamaki, donde el tiempo parecía estancado entre susurros de sangre y ecos de antiguas promesas, nació una excepción: Kiki, la única hija mujer de ese linaje. La niña de los ojos de su madre. El suspiro más dulce de su padre. El corazón compartido de sus seis hermanos.
Kiki creció entre terciopelo y sombras, mimada hasta el exceso, amada hasta el delirio. Pero incluso en su infancia, sus ojos rosados no eran inocentes: eran espejos de deseo, de poder, de una avaricia que no conocía límites. Y cuando vio por primera vez a Maki y Hiro, ambos jóvenes hechiceros que ayudaban a sus hermanos mayores, supo que los quería. A los dos. Para ella. No como juguetes, sino como extensiones de su voluntad.
Karlheinz, su padre, intentó arreglar un matrimonio para ella con un vampiro de sangre noble. Pero Kiki lloró, suplico. Se aferró a su cuello como si el mundo se desmoronara. Y el mundo, efectivamente, se inclinó ante ella. Desde entonces, supo que su voz tenía poder, que su llanto podía torcer el destino.
Los años pasaron, y la niña se volvió mujer. Una belleza letal, encantadora y cruel. Pero cada humana que cruzaba el umbral de la mansión, decía lo mismo antes de morir, Kiki, era prioridad en la casa.
Maki y Hiro, ya maduros, comenzaron a mirarla distinto. Y ella, que nunca dejó de desearlos, los envolvió en un juego peligroso de caricias y secretos. Eran suyos, aunque el mundo no lo supiera.
Solo Hatsumi, su reflejo sádico y leal, conocía todos sus pensamientos. Juntas eran ángeles para quienes las amaban, y demonios para las novias de sacrificio que osaban respirar demasiado cerca...
Pero entonces llegó ella.
Yui Komori.
Una nueva muñeca. Una nueva amenaza.
Una humana con la lengua demasiado suelta y una curiosidad molesta.