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Este no es un libro de recetas, pero podría ayudar a sanar.
Tampoco es un compendio de fórmulas mágicas, ni una guía con pasos enumerados para alcanzar esa felicidad de escaparate que tanto se vende en redes sociales y ferias de autoayuda. Si eso buscas, este libro puede decepcionarte... o liberarte. Porque no ofrece certezas, pero tal vez -si te atreves a pasar la primera página y dejas que algunas frases te toquen donde ya ni sabías que dolía- logre algo mejor que una cura. Alivio. No del tipo que receta un médico ni del que presume un gurú, sino ese que llega como una brisa inesperada en medio del desierto emocional, como un rayo de sol tímido después de la noche más larga.
"Café con Pan" era uno de esos lugares donde el tiempo se diluía en el aroma a café tostado recién colado y en el murmullo de conversaciones que parecían llevar años repitiéndose. Uno de esos lugares que se cuelan en el alma sin pedir permiso, un refugio sin pretensión, donde nada urgía y todo tenía permiso de durar, donde el tiempo parecía correr más lentamente, o hasta detenerse.