DreamyWhispers_
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Maldito el hombre que se levanta sobre su propia sombra, pues al alcanzar la cima, descubrirá que el abismo es su propia cuna. Dejad que los pequeños se arrastren hacia la oscuridad, pues de ellos es el Reino de las Tinieblas; porque solo aquel que ha perdido su corona puede encontrar el consuelo en el polvo de sus ancestros.
- Libro de las Sombras, Versículo V.
Cuando el incienso se disipa y los ecos del ascenso de Papa V Perpetua mueren en las bóvedas del Ministerio, lo que queda no es un hombre de fe, sino un eco roto. Copia, el que una vez caminó entre las masas como el Pastor del Pecado, ha sido despojado de su luz. Ahora, como Frater Imperator, habita el espacio liminal entre el poder que tuvo y la nada que posee.
En el corazón del clero, donde las paredes sudan el dolor de siglos, ha nacido una inocencia sacrílega. No es la pureza del cordero, sino la sumisión de la bestia que busca el refugio del vientre materno. Es el sonido de los pies descalzos sobre el mármol frío, el brillo del vino dulce manchando un biberón de plata y el abrazo desesperado a un ídolo de felpa tuerto que guarda los secretos de los muertos.
Bajo la mirada vigilante de los hermanos jubilados y la sombra implacable de su gemelo, Copia se desvanece. En su lugar, emerge una criatura que no conoce el pecado pero vive en él; un ser que ha intercambiado la mitra por el consuelo de la seda y el latín por el balbuceo del abandonado. Porque en el mundo de los hombres grandes y las coronas de oro, no hay lugar más seguro que la pequeñez absoluta.