Oda2311
Lía aprendió a estar sola para no volver a romperse.
Pero entonces llegó Diego a desafiar la lógica del silencio y le enseñó que vivir también era dejarse tocar el alma.
Lo que Lía nunca supo es que los días de Diego estaban contados, y que mientras ella volvía a nacer, él se estaba desvaneciendo.
Cuando el reloj marcó las tres de la tarde y él no apareció, la vida se dividió en un antes y un después, y Lía descubrió que a veces los amores más breves son los que se quedan para siempre.
Ahora, frente a la ausencia y a una nota que llegó demasiado tarde, solo queda una pregunta suspendida en el aire:
¿Cómo se vive con el corazón roto?