GiovannaEscribe2001
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Nicolás se preparaba tranquilamente todas las mañanas con anticipación, mientras tomaba una taza de café para luego ir a trabajar.
Verónica se preparaba más apresuradamente porque las agujas del reloj nunca le brindaban el tiempo que necesitaba y quería, aunque sacrificara horas y horas de sueño para obtenerlo.
Durante ocho meses compartieron el viaje y aunque Nicolás nunca dio señales de haberle prestado atención a la presencia de Verónica, ella siempre estaba atenta a la esquina donde él se asomaba camino a la parada del colectivo, esperando para verlo con la tonta ilusión de que, al menos hoy, el la mire, o simplemente le haga un gesto a modo de saludo haciéndola creer que si noto su presencia todo este tiempo.
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Para Martin y Alain, quienes inspiraron este cuento.