KlausKelm
Clara encuentra un anillo en la suite de la despedida de soltera de su mejor amiga.
El problema no es reconocerlo.
El problema es saber de quién es
La despedida de soltera de Lucía iba a ser un viaje sencillo: amigas, cócteles, risas, alguna confesión incómoda y ningún drama que no pudiera resolverse con una copa en la cubierta.
Hasta que Clara encuentra un anillo que reconoce demasiado bien.
Pertenece a Álex, el hombre con el que tuvo una historia un año atrás. Una historia ambigua, intensa y mal cerrada. Una de esas relaciones que no tienen nombre porque ponerles uno obligaría a mirar demasiado de cerca.
El problema no es solo que Álex esté en el barco.
El problema es que Lucía también lo conoce.
Para ella, Álex no es un recuerdo prohibido: es su jefe, el hombre que lleva meses comportándose de forma extraña, acercándose y alejándose sin explicación, dejándola con preguntas que Clara sí podía haber respondido.
Pero Clara calló.
Calló cuando reconoció su nombre.
Calló cuando Lucía le habló de él.
Calló cuando encontró el anillo.
Calló porque no quería arruinar la despedida, porque no sabía cómo decirlo, porque esperaba el momento adecuado.
O eso se dijo a sí misma.
A bordo, un juego de cartas llamado ÚLTIMA RONDA empieza como una diversión de despedida y termina convirtiéndose en una amenaza. Cada pregunta abre una grieta. Cada secreto contado deja al descubierto otro silencio. Y mientras el grupo intenta seguir riendo, Clara entiende que la verdad ya no es una opción valiente, sino una cuenta atrás.
Porque lo que más teme no es que Lucía descubra que hubo algo entre ella y Álex.
Lo que teme es que descubra algo peor: que durante meses le pidió ayuda para entender una historia que Clara ya sabía leer.
Algunas mentiras no nacen solo del egoísmo.
También nacen del miedo a perder tu lugar.
Y algunas verdades no salvan una amistad.
La obligan a decidir si todavía puede empezar de nuevo.
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