Felix_Fourneret
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Siempre pensé que el amor debía anunciarse. Llegar con señales claras, con mariposas inmediatas o con un momento exacto en el que todo cambia. Pero con ella no fue así. Con ella, el amor llegó en silencio.
Éramos amigas.
De esas que se conocen las manías, que se escriben sin motivo y se quedan hablando hasta que la noche se vuelve madrugada. No había nervios, no había expectativas, solo la tranquilidad de saber que siempre estaba ahí. Y quizá por eso nunca sospeché nada.
Hasta que un día lo hice.
Fue en un detalle mínimo: la forma en que su risa me hizo sonreír sin razón, o cómo su ausencia empezó a sentirse demasiado grande. De pronto, su nombre tenía otro peso, y su cercanía ya no era solo cómoda... era necesaria.
Intenté ignorarlo. Convencerme de que no era nada, de que la amistad no se toca, no se pone en riesgo. Porque quererla así significaba cruzar una línea invisible, una que tal vez nunca podríamos desdibujar.
Pero el corazón no entiende de reglas ni etiquetas.
Solo sabe cuando alguien deja de ser "solo una amiga" y empieza a ser el lugar al que quiere volver.
Y quizá esta historia no trate de perder una amistad, sino de descubrir que, desde el principio, siempre estuvo destinada a convertirse en algo más.