frutisha_
Entre maldiciones, batallas sobrenaturales y heridas que el tiempo no cura, Momo Ayase y Okarun descubren que hay sentimientos que no se pueden sellar con un exorcismo.
Él la protege en silencio, sin saber cómo expresar lo que le arde en el pecho. Ella lo cuida desde la distancia, creyendo que es mejor así.
Pero cuando el frío de la noche los alcanza, y sus manos se entrelazan por primera vez, el mundo se detiene.