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En la vida de Isagi Yoichi existen dos grandes amores.
El primero es el fútbol. El espectáculo por el que se desvive en la cancha hasta que la piel se le enrojece y los ojos le escocen de la emoción.
Y el segundo es su único hijo: Tobio Isagi. Un pequeño niño de mejillas regordetas y ojos esmeralda que le recuerda a un pasado que no ha podido olvidar y del cual ha logrado vivir escondido por siete años a pesar de estar rodeado de flashes y notas de periódico.
Isagi Yoichi dice que para él solo existen dos grandes amores.
Hasta que un reencuentro inesperado le recuerda que, en realidad, siempre fueron tres.