Pandamoi
En el silencio impecable de la morgue, donde la muerte huele a formol y secretos, trabaja Anton Collins.
Médico forense brillante. Meticuloso. Intocable.
Ante los ojos del mundo es el profesional perfecto: mente analítica, pulso firme, mirada fría que no tiembla ante la carne abierta ni ante las verdades más crudas. Su reputación es impecable. Su inteligencia, incuestionable. Anton entiende a los muertos mejor que a los vivos… porque los muertos no mienten.
Pero lo que nadie sabe es que la morgue no es solo su lugar de trabajo.
Es su laboratorio.
Cuando las luces se apagan y el hospital duerme, Anton no se limita a estudiar cadáveres… los escucha. Los invoca. Los usa. En la frontera invisible entre la ciencia y lo prohibido, practica la nigromancia con la misma precisión con la que sostiene un bisturí. Rituales antiguos, susurros en lenguas olvidadas y círculos marcados con sangre seca forman parte de una rutina que nadie sospecha.
Porque Anton no cree en límites.
Ni morales. Ni espirituales.
Su mente es un abismo cuidadosamente organizado: fría, estratégica, calculadora. Pero en lo más profundo, algo late con violencia. A veces su comportamiento roza lo inhumano. A veces sonríe cuando no debería. A veces habla solo… o quizá no está solo. Hay momentos en los que su cordura parece fragmentarse, como si convivieran varias versiones de él bajo la misma piel.
¿Es un genio incomprendido?
¿Un hombre quebrado por los horrores que ha visto?
¿O algo mucho más peligroso?
Entre autopsias, sombras y cadáveres que no siempre permanecen inmóviles, Anton Collins camina sobre una línea delgada entre la vida y la muerte, la razón y la locura, el científico y el monstruo.
Y cuando los muertos comienzan a responder…
Ya no hay marcha atrás.
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Portada hecha por mí... Prohibido total copia o adaptación sin mi permiso u consentimiento... Cualquier copia será denunciada.
Esta historia tocará temas sensibles, y muchos traumas psicológicos así que leer bajo riesgo propio.