alexavwvv
Tres años, pensó. Tres años siendo el rey de este deporte. 4 campeonatos mundiales. Un récord de puntuación que todavía nadie ha igualado. Y entonces una fractura de peroné en un entrenamiento estúpido, nueve meses de rehabilitación, y cuando vuelvo...
Cuando volvió, el mundo del patinaje artístico tenía un nuevo nombre
Sergio Pérez había debutado como senior a los 17, una edad tardía para los estándares actuales. Nadie esperaba nada de él. Era mexicano, de Guadalajara, un país sin tradición en un deporte dominado por rusos, estadounidenses y japoneses. Su primera temporada, sin Max en la competencia, debería haber sido aburrida. Una transición. Un año de relleno
En lugar de eso, ganó todo.
Europeos -no, espera, Max corrigió mentalmente, Cuatro Continentes porque México no es Europa. Ganó el Grand Slam. Ganó el Mundial con una diferencia de quince puntos sobre el segundo lugar. Y lo hizo con un estilo que los puristas llamaron "anticuado" y el público llamó "hermoso"
Porque Sergio patinaba como si el hielo fuera su aliado, no su enemigo. No había violencia en sus saltos, sino diálogo. Sus brazos se extendían como alas, sus giros eran lentos y profundos, y en sus programas siempre había un momento, justo en el clímax de la música, donde cerraba los ojos y sonreía
Max odiaba esa sonrisa.