Miriam_Vera
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Sesenta y tres años antes de los 74° Juegos del Hambre, Panem aún sangra por las heridas de los Días Oscuros.
El Capitolio busca perfeccionar el terror, y los 11° Juegos del Hambre se convierten en un experimento cruel donde no solo se pone a prueba a los tributos... sino también a quienes los observan desde el poder.
En el empobrecido Distrito 12, donde el carbón y la miseria dictan la vida diaria, Lucía Everdeen intenta sobrevivir a la pérdida más grande de su vida: la desaparición de su mejor amiga, Lucy Gray Baird. La música, el violín y los recuerdos con los Covey eran lo único que la mantenía en pie. Sin Lucy Gray, su mente comienza a fracturarse lentamente.
El día de la cosecha, el destino vuelve a traicionarla.
Lucía es elegida como tributo para los 11° Juegos del Hambre.
No quiere ir. No puede.
Pero el Capitolio no pregunta.
Su compañero de distrito es solo un niño. Asustado. Frágil.
Lucía lo protege desde el primer momento, lo abraza, lo calma... y jura que hará todo lo posible para mantenerlo con vida. Para ella, el niño se convierte en lo único que aún le da sentido a seguir respirando.
Cuando llegan al Capitolio, las miradas se clavan en ella.
Entre todas, una destaca.
La de Coriolanus Snow
Joven, ambicioso, marcado por el hambre y el miedo al caos, Snow ve en Lucía algo que no puede explicar: un eco del pasado, una herida abierta que lleva el nombre de Lucy Gray. Lo que comienza como curiosidad se transforma en obsesión. Y la obsesión, en peligro
Snow hará todo lo posible -de forma silenciosa, calculada y cruelmente estratégica- para que Lucía y el niño sobrevivan, no por compasión... sino porque perderla significaría enfrentarse a lo que aún no puede controlar dentro de sí
Mientras la arena se llena de traiciones, sangre y decisiones imposibles, Lucía se convierte sin saberlo en el punto de quiebre de Coriolanus Snow
Ella no busca poder
No busca gloria
Solo quiere proteger lo poco que le queda
Pero en