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Nath no heredó solo un imperio.
Heredó una forma de amar que no conoce límites.
Como Iván, no distingue entre deseo y posesión, entre cuidado y control. Cuando ama, observa, invade, protege y encierra; cuando desea, convierte al otro en centro y excusa de su mundo. En el juego del poder, la obsesión no se corrige: se perfecciona.
Entre enemigos, traiciones y un amor que se vuelve territorio conquistado, Nath aprende que no existe un punto donde detenerse. Porque la obsesión no tiene un final fijo.
Solo escala.
Entre los enemigos.
ESTA HISTORIA ESTA CANCELADA.