C-J-Harven1
Inglaterra, 1975. El invierno del descontento no es solo una metáfora. Es una realidad de huelgas, apagones y una crisis económica que carcome el alma de la nación. En las sombras de esta decadencia, algo más profundo y antiguo se agita. Una ola de posesiones demoníacas, tan real como silenciada, azota a los más vulnerables: los pobres, los inmigrantes y aquellos que susurran plegarias a dioses olvidados en idiomas que la Iglesia no quiere entender , La institución eclesiástica, lenta y burocrática, solo actúa cuando el horror traspasa las paredes de lo privado y se convierte en un escándalo mediático. Mientras, una legión de desamparados sufre en silencio, abandonada a su suerte.