hegrumpy
Ese "Viernes Latino" en el Baratie Nights.
Sanji no baila, pero cuando cruza el salón con una bandeja en la mano, ese pantalón negro ajustado resalta su trasero firme, la camisa de botones azul ciñe sus caderas estrechas, y el cigarrillo colgando de sus labios, encendido como su sonrisa soberbia, hace que su cuerpo se mueva solo al ritmo de la música.
Esa cinturita que agita a todos /uno que otro se excita/ sube y baja con cada paso, volviendo loco a medio bar.
Mujeres, hombres, todos lo miran, todos lo desean, todos menos uno, o eso cree él, en una esquina, bebiendo sake en silencio, está Roronoa Zoro,p olicía fuera de servicio, tal vez, con muy poca paciencia y un nudo de celos en el pecho.
Esa noche, Zoro no puede apartar la vista de esas caderas perfecta, de esas cejas rizadas que se arquean con soberbia, de ese rubio ebrio que reparte alcohol mientras lanza sonrisas y coqueteos a mujeres y hombres por igual.
Con todas las ganas intenta acercarse, busca robarle un gesto, un guiño, un mínimo reconocimiento.
Pero Sanji, orgulloso, lo rechaza sin titubeos, jamás respondería al coqueteo de un hombre que fija la mirada en su trasero y no en sus ojos.
La humillación le arde a Zoro, porque sabe que es cierto, no había visto otra cosa en toda la noche. Avergonzado y furioso, se queda en su rincón, observando, bebiendo, esperando.
El tiempo avanza, el bar se vacía, las luces se apagan, y cuando el alcohol finalmente toma el control, Zoro decide que no habrá rechazo que lo detenga.