josephine_evee
El mundo no se acabó de golpe: se fue pudriendo lentamente. Durante años, la humanidad explotó los recursos hasta dejar la Tierra irreconocible. El aire se volvió tóxico, los océanos murieron y los animales comenzaron a desaparecer. Las guerras dejaron de ser ideológicas y pasaron a librarse por agua, por tierra respirable y por las pocas zonas aún habitables. Sobrevivir se convirtió en rutina.
En medio de este colapso vive Rune Vinterdal, un joven de 22 años que carga con una responsabilidad que nunca pidió. Sus padres, consumidos por la frustración y el resentimiento, abandonaron su rol hace años y culpan a sus hijos por la vida que sienten haber perdido. Rune, ignorado y despreciado, decidió hacerse cargo de Esben, su hermano de 7 años, de Tove, su husky siberiano, y de Evee, una gata que le robó el corazón. Trabaja en dos empleos, duerme poco y vive con el miedo constante de no ser suficiente, pero no piensa abandonarlos.
Un día, la televisión transmite un anuncio global: los científicos confirman que el planeta entró en una fase irreversible de inestabilidad ambiental. En cuestión de meses, la mayoría de las regiones serán inhabitables. Sin embargo, existe una anomalía: Noruega, Finlandia y Suecia permanecen intactas. El aire sigue siendo respirable, la vegetación sobrevive y algunos animales aún existen. La ciencia no logra explicar la causa, como si algo no humano protegiera esa zona.
La esperanza también es una condena. Ante la avalancha de personas que intentan llegar al norte, los países nórdicos cierran sus fronteras con vigilancia armada y bloqueos marítimos. Dinamarca queda fuera. Rune entiende lo que eso significa: quedarse es morir lentamente.
Por eso toma la decisión más difícil de su vida: abandonar lo poco que conoce y arriesgarlo todo para cruzar hacia Suecia, el último umbral entre la vida y la extinción. Porque si el mundo va a terminar, Rune no permitirá que su hermano y sus compañeros animales lo enfrenten