Kanario_Writer
Antínoo nunca creyó merecer la felicidad. Luego de todas las cosas horribles que hizo cuando era un pretendiente, ¿Quién se atrevería a perdonarlo? Aun con el amor de Telémaco, los dioses seguramente debían odiarlo...
Pero cuando él más los necesitaba, cuando Antínoo clamó al Olimpo en busca de ayuda, una diosa respondió a sus plegarías... Y desde entonces, Antínoo de Itaca, hijo de Eupites... no, ya no era más hijo... Ahora era esposo. Consorte real. El consorte real ya jamás estuvo solo de nuevo.