eclipce_jikook
Lunareth, 1689.
El nacimiento del heredero no trajo luz al reino, sino una devoción enferma. En un lecho de agonía y sangre, la reina Park Yuna se consumía. Incapaz de aceptar la pérdida, el rey Park Minho entregó la carne de su esposa a un aquelarre oscuro. La magia ancestral exige deudas carnales: para que un alma reclame un recipiente, otra debe destruirse.
Un ritual profano invocó a la Serpiente Blanca de la Luna. La deidad hundió sus colmillos en la garganta de la reina, sorbiendo su último aliento mientras depositaba una semilla impura en el recién nacido. El milagro se completó sobre el cadáver aún tibio de Yuna.
Enloquecido por la culpa, Minho ordenó masacrar a los magos, pero la sangre alimentó su rencor. Antes de desvanecerse, el brujo más poderoso selló el destino de Lunareth con una maldición impregnada de deseo y perversión:
Las tinieblas pertenecerán a los vampiros, de sed inagotable y dominio carnal; bajo la luna llena, la bestialidad de los licántropos reclamará la noche; y las réplicas -sombras de vidas pasadas- volverán a cobrar lo suyo. Y el príncipe no será la excepción: será el trofeo más codiciado de la noche.
Aterrorizado, el rey erigió la Guardia de Plata, una milicia dedicada a masacrar criaturas nocturnas y silenciar la verdad con muerte.
Sin embargo, los años no borran la marca del pecado. El joven príncipe florece con una belleza perturbadora, dolorosamente idéntica a la de Rose, una figura del pasado rodeada de secretos prohibidos y obsesiones oscuras. Al descubrir que las réplicas son almas atrapadas en un ciclo interminable de dominación, Minho toma una resolución desesperada: ocultarle a su hijo la verdadera naturaleza de su sangre.
Pero en los rincones más oscuros de Lunareth, los verdaderos señores de la noche aguardan. Hay maldiciones que no buscan la destrucción... sino someter la carne, reclamar la mente y despertar una obsesión de la que nadie podrá escapar.