EnanadeLali
Lizzy Espósito era un enigma brillante en medio de los pasillos de Hogwarts. Su cabello rubio caía en ondas doradas que parecían capturar la luz de cada atardecer, y sus ojos azules tenían la profundidad de un océano secreto, capaz de desarmar cualquier defensa con una sola mirada. Para muchos, era la personificación de la perfección - la princesa de Slytherin que desafiaba los estereotipos, dulce y audaz a la vez, con una presencia que no dejaba indiferente a nadie.
Pero para Harry Potter, ella era mucho más que una belleza inalcanzable. Era un tesoro que él admiraba sin reservas, un ser único que rompía todas las reglas de su mundo. No importaba que fueran de casas distintas, ni que el novio de Lizzy fuera Draco Malfoy, cuyo nombre ardía en sus pensamientos con un fuego distinto, uno marcado por la rivalidad y el orgullo. Lo único que Harry sabía con certeza era que Lizzy era increíble... tal y como era.
Cada día, él la observaba con una mezcla de asombro y cariño profundo, admirando cada detalle que ella a veces ni siquiera notaba: la forma en que el cabello caía sin esfuerzo sobre sus hombros, la suavidad de su piel blanca, la curva perfecta de sus labios rojos, o la sinceridad pura que emanaba de su risa. Y aunque ella dudara, aunque se cuestionara, Harry nunca dejó de repetirle en silencio que no cambiaría nada de ella.
Porque para él, Lizzy no necesitaba ser otra cosa que ella misma. Y esa verdad era tan poderosa, que cada vez que la veía sonreír, sentía que el mundo se detenía un instante para admirar la maravilla que tenía frente a sus ojos.
Y así, en medio de la magia, el conflicto y la pasión, nacía un amor tan real y luminoso como las estrellas, un amor que Harry plasmaba en cartas que llevarían su voz, sus deseos y su adoración... cartas para Lizzy, tal y como ella era.