akariiitzumi
Durante generaciones, las coronas de Dinamarca y Noruega habían aprendido a convivir con una verdad que nadie se atrevía a cuestionar.
El poder tenía una jerarquía.
Los Alfas gobernaban.
Los Omegas eran protegidos.
Y los matrimonios entre casas reales no se construían sobre el amor, sino sobre la necesidad de preservar alianzas, territorios y linajes.
Para las familias que habían nacido dentro de la realeza, aquello no era una imposición.
Era un deber.
Aarón Rosenberg había crecido sabiendo exactamente cuál era el suyo.
Heredero de Dinamarca.
Príncipe preparado desde su nacimiento para gobernar.
Alfa.
Durante toda su vida, esas palabras habían sido suficientes para definirlo.
Había aprendido a montar antes de comprender el peso de una corona. A comportarse como un soberano antes de tener edad para ocupar un trono. A no mostrar debilidad, a ganar, a destacar y, sobre todo, a jamás permitir que alguien pudiera considerarlo inferior.
Por eso, cuando el destino lo obligó a contraer matrimonio con el heredero de Noruega, no temió perder su libertad. Ni siquiera temió compartir su vida con un desconocido.
Sebastián Massimo Bjørnsen era un heredero.
Había sido criado para gobernar desde mucho antes de comprender lo que significaba llevar una corona. Había aprendido a representar a su país, a controlar sus emociones y a cargar con las responsabilidades que algún día recaerían sobre sus hombros.
Un Alfa que nunca había necesitado demostrarlo, porque su seguridad no dependía de levantar la voz ni de imponerse sobre los demás. Había aprendido que el verdadero poder no siempre necesitaba hacerse notar.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a arrodillarse ante el otro.
Lo que comenzó como una alianza entre dos coronas pronto se convertiría en una batalla por algo mucho más íntimo que el poder.
Porque cuando dos hombres que siempre habían sido educados para mandar se encuentran frente a frente, ambos creen conocer perfectamente