Emilyguerrero2011
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Jinx:
Una niña que dejó de ser niña a punta de pólvora.
No entró al negocio por ambición, sino porque alguien la vendió como si fuera mercancía.
El primer disparo le tembló en las manos, pero la sangre en el suelo fue una maestra más efectiva que cualquier sermón.
En el mundo del narco, los débiles no lloran: desaparecen.
Ahora, con el corazón partido entre miedo y rabia, Jinx aprende que en esta vida nadie nace monstruo... pero la mafia se encarga de fabricarlos.
Entre la traición y el plomo conocería a Rayan, el hombre que hizo de la violencia un idioma, y de la lealtad una religión. Él sería su refugio. Él sería la mano que la empuja al abismo y al mismo tiempo la sostiene para que no caiga sola.
En Sicilia, el amor no salva: quema.
Rayan:
Fue niño antes que capo. Y eso fue su primera debilidad.
Aprendió que la familia es una palabra que sangra, y que el poder no es un trono, sino una silla eléctrica que nadie quiere dejar vacía.
Cuando conoció a Jinx, no vio a una víctima, ni a una asesina en potencia.
Vio un espejo roto.
Y decidió cuidarlo aunque se cortara las manos.
Pero en el mundo de la Cosa Nostra, proteger a alguien es declarar la guerra contra todos.
Y en la guerra, los cuerpos no se entierran: se apilan.
Una historia donde cada bala cuenta un secreto, cada beso es una sentencia, y cada silencio... es una tumba abierta.