sukicornejo
En 1821, la guerra de Independencia en México se acerca a su desenlace. En la hacienda de Mazatlán, dos enemigos irreconciliables -el realista Agustín de Iturbide y el insurgente Vicente Guerrero- se funden en un abrazo que la historia recordará como el Abrazo de Acatempan, símbolo del nacimiento de una nación. Pero aquel gesto de reconciliación tiene raíces más oscuras. Ocho años antes, en 1813, sus destinos se cruzaron en las Lomas de Santa María, donde una derrota militar sembró entre ellos un odio feroz, una obsesión que sólo podía saciarse con sangre.
Sangre que ambos juraron derramar hasta que la propia Nueva España clamó por paz. Obligados a enfrentar sus demonios, descubrieron que la solución a sus conflictos no estaba en la guerra, sino en un vínculo inesperado, revelador... y prohibido.